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Autoexigencia: cómo identificar la voz que te agota

¿Sientes que, hagas lo que hagas, siempre estás en deuda contigo mismo? Vivimos en una cultura del rendimiento que nos hace creer que descansar es perder el tiempo. Muchas veces pensamos que la autoexigencia es parte de nuestra personalidad, cuando en realidad ese Crítico Interno es el eco de un entorno que nos exige ser más, mejores y más rápidos. El conflicto aparece cuando esa presión deja de venir de fuera y empieza a sonar dentro: esa voz que te juzga no siempre es tuya, sino el resultado de lo que aprendiste sobre el valor, el éxito y el error.


¿Cómo suena tu crítico interno? Señales de alerta


Según la psicóloga Olga Castanyer, el Crítico Interno no guía, juzga, y suele tener estas características:

  • Se presenta como una verdad absoluta.

    Sientes que tiene razón siempre y que sin esa voz te volverías vago o irresponsable.

  • Habla en términos de todo o nada.

    Usa frases como “siempre fallas” o “no haces nada bien”. No corrige el error, te etiqueta.

  • Tiene un lenguaje rápido y automático.

    Basta una palabra, un gesto o un pensamiento para hacerte sentir insuficiente.

  • Vive de los “debería”.

    “Debería haber hecho más”, “tendría que hacerlo mejor”. El listón siempre está demasiado alto.

  • No busca mejorar, busca castigar.

    No propone soluciones, solo genera culpa, vergüenza o bloqueo.

  • Funciona con una moral rígida.

    Todo es éxito o fracaso, esfuerzo o pereza. Para él, descansar es fallar.



El guardián que se pasó de frenada


Aunque duela, el Crítico Interno no apareció para destruirte, sino para protegerte. Es un mecanismo que probablemente nació en momentos en los que fallar tenía consecuencias emocionales importantes. Su función es juzgarte antes de que otros lo hagan, para evitar el rechazo o la crítica.

El problema es que ese guardián sigue actuando como si aún estuvieras en peligro.

Entender esto no significa eliminarlo, sino aprender a reconocerlo, agradecer su intención de protegerte y bajar su volumen, para que tu voz real —más adulta y compasiva— pueda escucharse.


Si sientes que la autoexigencia te impide disfrutar de lo que haces, pedir ayuda psicológica puede ser una forma de entender de dónde viene esa voz y aprender a relacionarte con ella sin que dirija tu vida.


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